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(Capítulo III - ACTO SEXUAL) 18. Condicionamiento al acto sexual,
La erección y el apetito sexual en el hombre obedecen a ciertos condicionamientos que facilitan su producción espontánea, cuando esto no ocurre comienzan los problemas.(Fig. 13) Cada hombre, dentro de la complejidad del acto sexual, tiene sus particularidades, preferencias y rechazos hacia ciertos gustos o estímulos. De la misma manera que se siente atraído o no hacia ciertos alimentos, a nivel sexual ocurre algo similar. Por lo tanto cuando la respuesta a un estímulo sexual no está de acuerdo a lo que se espera de ella, es porque muy probablemente exista cierto bloqueo que es necesario investigar. El apetito sexual y el deseo no siempre desembocan en una erección y esto ocurre cada vez más frecuentemente a medida que el hombre tiene más edad. Es bien sabido que durante la adolescencia cualquier mínimo estímulo psíquico lleva a una erección. El mecanismo que produce el deseo sexual difiere substancialmente del que acciona la erección. Las variaciones orgánicas en el hombre bajo el deseo sexual dan lugar a diferentes sensaciones: apresuramiento del latido cardíaco, aumento de la presión arterial, cierto estado de inquietud y un aumento de la irrigación de la zona genital. Todo ello lleva al hombre al estado que denominamos de excitación, y que hemos visto en un capítulo anterior. En circunstancias en donde no se está completamente "convencido" para la
realización del acto sexual, siempre es más conveniente A veces el estado de hiperexcitación nerviosa por el compromiso contraído o por las expectativas que pueden producir el mismo, son suficientes para bloquear completamente el estímulo sexual. Cuando se consigue un mejor estado de relajación, con una disminución de la tensión y de la ansiedad, el organismo puede prepararse mejor para captar los estímulos visuales y táctiles que acompañan por lo general a un encuentro sexual. De esta manera se condiciona favorablemente para que el deseo sexual se desarrolle perfectamente y pueda transmitir sus impulsos al sistema nervioso produciendo una erección satisfactoria y persistente. Es por ello que no me cansaré de repetir que cuando el sistema nervioso se encuentra bloqueado, ya sea por interferencias psíquicas o por problemas físicos, los estímulos no llegan a destino y la erección no se produce o si lo hace puede ser deficiente o poco duradera. Los factores psíquicos que interfieren el sistema nervioso son la angustia, el estrés, la tensión, la ansiedad; la culpabilidad, como así también en ciertas oportunidades el resentimiento hacia la pareja. Los factores físicos que bloquean el normal funcionamiento sexual son numerosos y serán analizados en un capítulo aparte. Aquí quiero remarcar algunos de ellos como: el alcohol o ciertas drogas o medicamentos que son frecuentemente utilizados en afecciones habituales. Los mismos componentes que pueden provocar una disminución o una anulación de La erección pueden producir simultáneamente o no trastornos en la eyaculación. Es evidente que en todos estos casos, el paciente se ve seriamente comprometido en su rendimiento sexual, transformándose éste en un acto consciente y falto de espontaneidad. De ésta manera el acto sexual puede hacer perder el placer, para convertirse en un momento en donde se instala un estado de angustia e inquieta expectativa, como así también de desazón, y temor a la frustración. Estos sentimientos están muy lejos del estado de plenitud normal que debe tener un acto tan importante para el hombre. Todos los componentes del acto sexual ï deseo, erección y eyaculación no son actos volitivos, que puedan obedecer a nuestras órdenes interiores, por lo tanto la disfunción de cualquiera de estos componentes va a crear en el hombre un sentimiento de verdadera confusión y justamente allí es donde el paciente debe ser bien orientado por un médico capacitado. Se deberá resistir los caminos equivocados que generalmente emanan de los consejos dados por algún amigo, un empleado de farmacia, o a veces algún médico bien intencionado pero poco informado. Siguiente: Capítulo II LOS ORGANOS GENITALES |
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